Habíamos quedado con ARIEL (guía) a la entrada del hotel a las 8.15h. Primero tendría que recoger a Arminio y María en su hotel, a continuación pasaría por el nuestro. Nos levantamos sobre las 7.15h para posteriormente bajar a desayunar, como podíamos prever después de la cena del día anterior, el desayuno en éste hotel de Jerusalén no era muy abundante. Había verduras frescas para hacer una ensalada, pan para hacer tostadas, miel, mermelada de membrillo que me fijé que en Israel se come mucho. Después de que nos recogieran, nos comunicó ARIEL que teníamos que ir a recoger a los cuatro acompañantes nuevos en nuestro tour, cada pareja estaba en un hotel, así que hicimos una pequeña excursión por Jerusalén. Una vez reunidos nos informó que estábamos en el día de fiesta de los musulmanes, que por la mañana al menos Jerusalén antiguo permanecería cerrada por posibles enfrentamientos, así como los conflicto que se estaban produciendo en el monte de los olivos en concreto que algunos habitantes de Jerusalén estaban tirando piedras a los turistas, con lo que en aquel día no lo visitaríamos por precaución, aunque nuestros compañeros nuevos en especial los procedentes de Vizcaya insistieron en que les interesaba mucho la visita de ese lugar en concreto. Comenzamos nuestras visitas con la maqueta de Jerusalén para así hacernos una idea al día siguiente de lo más importante del lugar. ARIEL nos explicó concienzudamente toda la ubicación de los lugares más importantes e incluso nos hizo algunas preguntas de examen sobre los tres montes más importantes de Jerusalén. Pasamos después al museo del libro, allí nos explicó que en la antigüedad unos pastores que habían perdido su cabra, entraron en una cueva cerca del mar muerto, allí encontraron unas vasijas repletas de pergaminos que estaban escritos por los antiguos profetas. Gracias a ellos se pudieron saber muchas cosas de aquellas épocas, y están casi todos recogidos en el museo del libro de Jerusalén. Había algo que me llamó la atención como un trozo de pergamino en concreto que era del casamiento. Lo antiguo que es el tema como decía el guía, también había un gran circulo hecho en el que aparecían fragmentos de pergamino pudiendo observarlos detenidamente, las vasijas donde fueron encontrados también se podían percibir en el mismo museo. 
Poco después nos acompañó al museo del holocausto, es inmenso, supongo que tiene mucho que ver eso es cierto, es historia, pero he de reconocer que yo pasé por él con gran rapidez, no me quedo un gran cuerpo después de ver la cantidad de 6 millones de judíos muertos a manos de los alemanes, las fotos, las pertenencias de algunos, los testimonios de los supervivientes………….es para ver……… pero es triste. También tienen en el recinto exterior al museo unos árboles cada uno con el nombre de aquellas personas que en su día recogieron a judíos y los salvaron de la muerte segura. Una anécdota de ese sitio es que a Arminio y a mí no nos dejaron pasar con las mochilas tuvimos que dejarlas en el guardarropa, no se podía dejar la cámara ni el móvil en la mochila pero tampoco se podían hacer fotos en el museo………. extraña la contradicción. Nos cruzamos Arminio y yo a la salida del museo, estuvimos esperando unos por otros para recoger las mochilas fue divertido. Cuando salimos de allí ARIEL nos llevó a un kibutz cerca de allí para poder comer, era como en casi todos los sitios tú cogías un plato de ensalada, un plato de segundo, sin postre. Mi novio y yo pagamos sin contar el postre que cogimos posteriormente 115 shekel. Los chicos de Vizcaya no comieron porque decían que estaban hartos de tanta comida. Se tomaron cada uno una cerveza. Allí nos comunicó ARIEL que por la tarde nos llevaría a la frontera palestina para que pudiéramos pasar a Belén. Estábamos emocionados, aunque un poco asustados ya que no nos había informado que teníamos que llevar el pasaporte con nosotros y algunos no lo llevábamos encima, así que después de comer ARIEL nos dejó en la frontera con Palestina, allí nos recogió un señor para pasarnos al otro lado. Recuerdo una anécdota en la parte de Israel, había un soldado en la garita que a parte de tener una cara de crío tenía una chulería que no veas…………. estaba pidiéndole la tarjeta de guía a Ariel pero ni siquiera se levantaba él de la silla, que estaba más bien recostado que sentado, tuvo que ser Pepe que se encontraba en esos momentos de copiloto quien se la entregó porque Ariel tampoco estaba dispuesto a bajarse del mini bus. La cuestión es que ya estábamos en la frontera con palestina, pasamos andando al otro lado sin que nadie nos pusiera ningún problema. El señor hablaba bastante bien español, y nos acompañó a una tienda especialista en diamantes, madera de olivo, he de decir que la tienda era súper cara, yo quise comprar un anillo de olivo y al final me lo regalaron. En esa tienda estábamos esperando al guía que nos acompañaría a visitar la iglesia de Belén al final el señor que nos había conducido a pasar la frontera, nos llevo en su furgoneta, junto con otra furgoneta que reconozco que el señor tenía una pinta de mafioso que no veas, calvo, gafas negras, camisa blanca, pantalones negros, zapatos negros brillantes, sello de oro en la mano derecha, y todo el rato hablando por el móvil con un tono súper fuerte. Cuando paseamos con las furgonetas por belén me dio la impresión de ser un pueblo desierto sin nada de vida, con todas las persianas de las viviendas bajadas y eran las 15h como mucho. Al final llegamos a la iglesia, nos acompañó uno de los conductores porque el guía no aparecía, estuvimos haciendo unas fotos a la entrada, lo más característico la puerta de entrada a la iglesia, de corta estatura para que en la época de los saqueos a las iglesias no pudieran entrar hasta ella con sus caballos, reconozco que ese sitio me impactó y creo que no fui la única en experimentar esa grata emoción, tiene algo de mágico ese sitio, creo que es porque parece conservada como si fuera antiguamente. En su exterior creo recordar que tiene la representación de las tres cruces, la cristiana, la judía y la de los cruzados. Dentro es especial, así como la estrella que puedes encontrar en el lugar que por tradición está establecido que nació Jesús. Nos comentaban después de que llegara el guía que tardó en aparecer y casi la policía no nos deja entrar con el conductor que hizo en los primeros momentos de guía, que la gente bendecía las cosas en esa estrella, cualquier cosa que para ti fuera importante y así lo hicimos, seguro que a algunos se nos humedecieron los ojos de estar en aquel lugar y sentimos cosas que quizás no volveremos a sentir o si, porque no. Después de hacer unas cuantas fotos más en el exterior el guía nos informó que debíamos darnos prisa en partir hacía Israel, que nos daba diez minutos y nos esperaba en las furgonetas, que estaban al pie de unas escaleras. No nos demoramos demasiado. 


Cuando nos dirigimos de vuelta a la frontera con Israel nos comenta que si traemos el pasaporte, algunos comentan que si otros que no, nos dice que tendríamos que tenerlo, pero que mi novio se va a poner con el pasaporte en primera fila y después pasaremos los demás, nos despedimos de él, después de algunos darle una propinilla, era muy majo el chaval, hablaba perfectamente el español, creo haberle entendido que había estado en Venezuela varios años, así como la dueña de la tienda que nos atendió en Palestina que había nacido en Colombia. No nos pusieron ningún problema para salir de Palestina. No miraron ni los pasaportes, nos recogió ARIEL al otro lado, y esta vez si que tuvo que bajarse del microbús para recoger su tarjeta de guía en el puesto de vigilancia israelí ya que el chico seguía recostado en su silla. No nos dejó tarde Ariel en el hotel, pero hemos de recordar que ese día empezaba el sabbat día de fiesta, Angel y yo le preguntamos como estaría el interior de las murallas de Jerusalén para visitarlo en esos momentos. Fue prudente en ese momento al decirnos que teníamos que tener cuidado pero nos propuso dejarnos a las puertas de la muralla para que pudiéramos dar un paseo que aún era de día. Y así lo hicimos antes de irnos a cenar, ese día nos apetecía meternos por la vida del bazar, estuve discutiendo o algo así con un vendedor que me pidió en un principio 150 shekel por un niño Jesús recostado en su camita todo de olivo y que al día siguiente después de aún discutir con él, lo saqué por 40 shekel. Recuerdo que en esa tienda nos encontramos con unos españoles que también discutían con el señor para regatear, creo que parte de la alteración del tendero era teatro vamos fue toda una odisea, mi chico se compró un belén con música y algunas cosillas más pero todas regateando eso lo tengo claro. Nos compramos una cajetilla de tabaco, un helado éramos todos unos turistas ya consagrados, no sentí en ningún momento peligro en el bazar la verdad ni en ninguno de los distintos barrios que hay dentro de las murallas. Ya entrada la noche nos dirigimos hacía el hotel no había demasiadas cosas abiertas e incluso el bar donde el día anterior nos habíamos tomado algo permanecía cerrado, así que nos decidimos por una callejuelilla que encontramos de paso, ya sentados con una coca cola más una cerveza pudimos disfrutar de la tranquilidad de un Jerusalén tranquilo en el día de fiesta. Cuando llegamos a cenar había infinidad de judíos cenando supongo que como ellos no pueden hacer nada e incluso tienen que subir andando porque el ascensor no pueden picar para solicitarlo, posamos nuestras cosas, cenamos las zanahorias cocidas y salchichas que había para cenar y nos dispusimos a salir por las calles paralelas a la espalda del hotel. La gran animación que el día anterior habíamos encontrado en ellas, se tornó todo tranquilidad en esa noche, todo estaba tranquilo y regresamos sin prisa al hotel. Día 7 >> |